{"id":1462,"date":"2020-09-11T21:17:00","date_gmt":"2020-09-12T02:17:00","guid":{"rendered":"http:\/\/test.boomerang.pe\/intercambio\/?p=1462"},"modified":"2024-04-20T21:52:58","modified_gmt":"2024-04-21T02:52:58","slug":"imagenes-y-espacios-de-compania","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/test.boomerang.pe\/intercambio\/2020\/09\/11\/imagenes-y-espacios-de-compania\/","title":{"rendered":"Im\u00e1genes y espacios de compa\u00f1\u00eda"},"content":{"rendered":"<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"700\" height=\"483\" src=\"http:\/\/test.boomerang.pe\/intercambio\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Maria.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1432\" style=\"width:446px;height:auto\" srcset=\"http:\/\/test.boomerang.pe\/intercambio\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Maria.jpg 700w, http:\/\/test.boomerang.pe\/intercambio\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Maria-300x207.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Cuando una crisis como la pandemia actual desestabiliza las grandes estructuras y din\u00e1micas globales, no podemos perder de vista la violencia que ha sufrido nuestra vida cotidiana. Aunque estemos en nuestro hogar, los objetos familiares y el ritmo de las horas nos aparecen de otra forma. Actividades corrientes, como salir a una bodega cercana, se preparan y realizan con una nueva atenci\u00f3n y preocupaci\u00f3n. Cuando lo familiar se vuelve inquietante, sentimos m\u00e1s intensamente la necesidad de lugares y momentos que nos ayuden a orientarnos, a dar sentido a nuestras angustias y preguntas. En nuestro pa\u00eds, la experiencia con las im\u00e1genes religiosas ofrece, para muchas personas y comunidades, esa suerte de gu\u00eda. Estas im\u00e1genes encarnan esos ejes existenciales que se comparten como espacios donde nos acompa\u00f1amos, especialmente en tiempos que parecen sobrepasarnos.<\/p>\n\n\n\n<p>Se puede apreciar este poder orientador en las salas de espera y atenci\u00f3n de pacientes en nuestro sistema p\u00fablico de salud. Un Cristo crucificado, a la cabeza de las filas de sillones para recibir quimioterapia, transfigura una sala de procedimientos en un lugar donde personas desconocidas pueden ver plasmado un sufrimiento como el suyo. En los saludos, gestos de ayuda y palabras de aliento de pacientes y familiares, cada historia particular se puede leer como entretejida con la vieja historia de abandono, fragilidad y esperanza en la cruz. Esta certeza no es el resultado de razonamientos teol\u00f3gicos. Los relatos que nos movilizan no son creencias que recuperamos a manera de archivos desde nuestra memoria; son, en primer lugar, la perspectiva en la que comprendemos lo que vivimos. Por eso, cuando esa vida se vuelve incomprensible y amenazante, no es extra\u00f1o que volvamos a esas historias fundantes.<\/p>\n\n\n\n<p>El relato del crucificado sufriente puede transfigurar las cuatro horas de tratamiento porque hace de la sala un lugar familiar, de compa\u00f1\u00eda, cercan\u00eda y solidaridad para quienes comparten su debilidad y sufrimiento. A esa fragilidad se suma ahora el miedo por c\u00f3mo la pandemia ha convertido tambi\u00e9n los centros de salud en focos de amenaza. Comprender mejor la experiencia con las im\u00e1genes religiosas puede ayudar a aprovechar su poder transfigurador de lugares y momentos para aliviar y fortalecer a quienes m\u00e1s sufren en este tiempo.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Aclarando las im\u00e1genes<\/h4>\n\n\n\n<p>La est\u00e9tica filos\u00f3fica, la teor\u00eda del arte y la antropolog\u00eda cultural nos han recordado que la imagen religiosa est\u00e1 integrada al mundo del creyente, pero no es un objeto m\u00e1s al que se a\u00f1adi\u00f3 alg\u00fan poder. No me acerco a una figura de yeso, sino que me encuentro con una presencia personal cuya compa\u00f1\u00eda tambi\u00e9n involucra el cuidado y el misterio. Aunque la figura puede permanecer en la misma ubicaci\u00f3n, su presencia aparece especialmente en lugares y momentos espec\u00edficos. En contraste con las ideas que pueda tener sobre Mar\u00eda, y su rol en la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n, el creyente se encuentra en septiembre ante la Mamacha de Cocharcas, vestida con su manto turquesa, visitando el manantial y el santuario que toda la comunidad creci\u00f3 reconociendo como sus lugares propios. Los cantos y danzas que la acompa\u00f1an por la calle configuran, en un sentido palpable, esa porci\u00f3n del mundo. La identidad personal y comunitaria no son esencias ocultas, sino una interacci\u00f3n compartida que incorpora a la tierra y a las personas, orientadas por esa imagen. Un aspecto de su poder es alcanzar m\u00e1s all\u00e1 del lugar y los momentos de encuentro m\u00e1s estrechos con la comunidad. Son ejes que atraviesan todo el mundo vivido. Por eso, encontrarla en la sala de espera de un piso cualquiera en un hospital, puede reconfigurar ese espacio ajeno e incierto en uno familiar, abierto a la esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p>La imagen religiosa tampoco es un mero dispensador de beneficios. No se establece con ella una transacci\u00f3n, sino un encuentro. Su clave es el relato que compromete a la comunidad con la presencia que le permite reconocerse. Por eso se puede distinguir entre el devoto interesado y el devoto fiel, entre la que nunca vuelve y quien regresa agradecida. Creer es un acto p\u00fablico y compartido. Solo cuando se olvida ese horizonte comunitario, el concepto de creencia se reduce a un contenido cognitivo, alojado en una subjetividad distanciada del mundo. Por el contrario, la comunidad se reconoce ante y a trav\u00e9s de la imagen de su santa patrona: se\u00f1ala su tierra, sus historias y sus v\u00ednculos. En su m\u00fasica y sus bailes que actualizan y celebran, se rememora y renueva esa pertenencia mutua que hace del mundo un lugar familiar, y de la vida una historia que se puede contar con sentido. Pero, aunque funde su identidad, la comunidad no tiene el monopolio de la presencia encarnada en la imagen. Por eso, cuando lo pedido no se concede como se esperaba, es posible abrirse a otra forma de comprender lo que uno verdaderamente necesita. Tambi\u00e9n por eso una mujer se puede acercar a una madre que llora por su hijo en la sala de emergencia y ofrecerle una estampa de la Virgen Dolorosa, para que lo encomiende a ella.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Cuando lo familiar se vuelve inquietante, sentimos m\u00e1s intensamente la necesidad de lugares y momentos que nos ayuden a orientarnos, a dar sentido a nuestras angustias y preguntas. [&#8230;] la experiencia con las im\u00e1genes religiosas ofrece, para muchas personas y comunidades, esa suerte de gu\u00eda<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Ciertamente hay distorsiones y hasta traiciones a esta experiencia de redescubrimiento y renovaci\u00f3n. La comunidad cristiana en particular convierte ocasionalmente im\u00e1genes en instrumentos para volver a olvidar, estigmatizar o ejecutar a los crucificados y las crucificadas de su tiempo. Si bien puede haber causas externas -sociales, culturales, desastres naturales- que motiven esa perversi\u00f3n, la l\u00f3gica interna de la experiencia con las im\u00e1genes religiosas tiene sus tentaciones caracter\u00edsticas en la cerraz\u00f3n a otros grupos, el rechazo de la cr\u00edtica y, en general, a poner el s\u00e1bado por encima del hombre. Pero tambi\u00e9n una experiencia religiosa m\u00e1s moderna, centrada en la interioridad subjetiva, tiene sus propias tentaciones en el individualismo autosuficiente, el activismo subordinado a los resultados y la ilusi\u00f3n de superioridad frente a todo lo pasado o no ilustrado. El problema no es, entonces, que el camino espiritual centrado en las im\u00e1genes religiosas sea una forma ingenua o degenerada de la experiencia religiosa, sino que, como toda experiencia humana, demanda discernimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Preguntarse por la presencia de -y la devoci\u00f3n a- las im\u00e1genes religiosas en hospitales p\u00fablicos permite reconsiderar otra forma de descalificaci\u00f3n de esta experiencia. Durante la pandemia hemos visto c\u00f3mo t\u00e9cnicas(os), enfermeras(os) y doctoras(es) participan en liturgias, se arrodillan para recibir la bendici\u00f3n del Sant\u00edsimo, etc. Sin prejuzgar sobre cada experiencia religiosa personal (lo cual requerir\u00eda una investigaci\u00f3n emp\u00edrica), s\u00ed podemos constatar que, tanto para este grupo de profesionales como para pacientes y familiares, no hay una contradicci\u00f3n abierta entre la presencia de las im\u00e1genes y el saber y la pr\u00e1ctica cient\u00edficos. Buscamos -y producimos- esa contradicci\u00f3n cuando asumimos que las creencias que nos orientan vitalmente son ideas o teor\u00edas que hay que comparar con las certezas de la ciencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestras creencias no son, en primer lugar, ideas sobre los objetos del mundo, sino formas de abrirnos a \u00e9l. Y esa apertura es valorativa y pr\u00e1ctica, antes que cognitiva. Cuando una situaci\u00f3n, o el conjunto de nuestra vida cotidiana, se vuelven amenazantes, la p\u00e9rdida de certezas nos remonta a esas creencias fundantes desde las que podemos formular preguntas y tentar respuestas. Esas certezas se sedimentaron en nuestra infancia, a trav\u00e9s de la incorporaci\u00f3n pr\u00e1ctica al mundo que empez\u00e1bamos a descubrir guiados por nuestra familia y comunidad. Para muchas personas ese (auto)descubrimiento tuvo como eje central una imagen religiosa ante la que aprendieron a callar, guardar silencio, llorar o agradecer con sus padres, etc., en lugares y momentos espec\u00edficos. La idea de un mundo -de un espacio y de un tiempo- valorativamente neutro solo es accesible por un aprendizaje posterior. El mundo y la vida cotidiana, sin embargo, no pueden prescindir de la compa\u00f1\u00eda y el sentido.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Espacios de compa\u00f1\u00eda<\/h4>\n\n\n\n<p>Reconsiderar c\u00f3mo las im\u00e1genes religiosas (re)configuran los lugares, momentos y relaciones que habitamos, ayuda a apreciar mejor el valor de nuestras acciones cotidianas tocadas por la pandemia. El rostro del vigilante a la salida del hospital, cuando le agradecemos su servicio, no es el mismo que cuando le decimos que se cuide o que Dios lo bendiga. Cobra, en fin, otro sentido cuando estamos al lado de la imagen del Se\u00f1or de los Milagros rodeada de personas en mascarilla arrodilladas en oraci\u00f3n. Hay palabras -saludos, agradecimientos, bendiciones- que pueden aliviar o iluminar el mundo cotidiano en el que nos encontramos. Por supuesto, hay tambi\u00e9n palabras y acciones que lo pueden oscurecer todav\u00eda m\u00e1s.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignright size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"505\" height=\"437\" src=\"http:\/\/test.boomerang.pe\/intercambio\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/capilla-Jesus.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1444\" srcset=\"http:\/\/test.boomerang.pe\/intercambio\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/capilla-Jesus.jpg 505w, http:\/\/test.boomerang.pe\/intercambio\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/capilla-Jesus-300x260.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 505px) 100vw, 505px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><em><span style=\"color: #522f67;\">En los momentos de dolor, el acercamiento a la imagen del Cristo crucificado crea un espacio de compa\u00f1\u00eda, consuelo, identificaci\u00f3n. En la foto: capilla del hospital Dos de Mayo (Lima)<\/span><\/em><\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>La idea misma de salud puede ser ocasi\u00f3n de oscuridad cuando se la reduce a la gesti\u00f3n eficiente de un servicio. Esa gesti\u00f3n es necesaria -y urgente en pa\u00edses con nuestra falta de recursos, ineficiencia y corrupci\u00f3n hist\u00f3ricas-, pero puede herir m\u00e1s a un paciente cuando lo entiende meramente como un usuario o cliente. Estar sano no es solo un estado funcional, sino una forma de relacionarse con el mundo y los dem\u00e1s. En ese sentido, ser curado y curarse no se limita a procesar y administrar medicamentos al ocupante de una cama. Apunta, m\u00e1s bien, a restituir en la persona concreta una comunicaci\u00f3n m\u00e1s plena, dentro de sus posibilidades, con el mundo de su vida cotidiana. Lo que nos puede ense\u00f1ar el escenario de la sala de quimioterapia con un Cristo crucificado en la viga central y dos V\u00edrgenes junto a la puerta es la importancia de constituir un espacio de encuentro humano que permita una atenci\u00f3n competente sin dejar de tratar al ser humano.<\/p>\n\n\n\n<p>Somos capaces de pensar y abrir lugares que no prescindan de su sentido humano. De hecho, lo hace ya el personal de salud que se sacrifica -y, muchas veces, es sacrificado- en la atenci\u00f3n a sus pacientes. Palabras y acciones pueden abrir esperanza en un mundo de sufrimiento cuando son capaces de ver en cosas, espacios, momentos y personas su profundidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Promover esa mirada no implica poblar las instituciones p\u00fablicas de im\u00e1genes. De hecho, nos permite diferenciar entre lugares dedicados a la salud, a la ciencia, a la justicia, etc. Tampoco nos exime de preguntarnos c\u00f3mo acoger la pluralidad, no solo de im\u00e1genes sino de creencias, en esos lugares diferenciados. En todo caso, hemos querido sugerir que somos capaces de redescubrir y recuperar facetas humanizantes en la experiencia de las im\u00e1genes religiosas. En las \u00faltimas d\u00e9cadas hemos aprendido a leer en las narrativas y est\u00e9ticas de la cultura popular -la <em>pop culture<\/em> de la globalizaci\u00f3n- la aspiraci\u00f3n a v\u00ednculos significativos que la sociedad moderna deja a la preocupaci\u00f3n individual. Tambi\u00e9n podemos profundizar en una lectura an\u00e1loga de lo que muchas veces despachamos r\u00e1pidamente con el r\u00f3tulo de \u201creligiosidad popular\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s de pseudocient\u00edficos charlatanes y pol\u00edticos mezquinos que medran con la crisis, en estos d\u00edas el fundamentalismo religioso se aviva para ofrecer la \u201csalvaci\u00f3n\u201d frente a la amenaza, afirmando su pureza, que siempre necesita culpar a otros. En este escenario, podemos volver provechosamente sobre una experiencia que hace presente, en sus im\u00e1genes, historias que incorporan el sufrimiento, el sinsentido y una esperanza que no renuncia a la acci\u00f3n. Promover la justicia y la fe en la diversidad cultural de un pa\u00eds que sufre en la incertidumbre nos desaf\u00eda a acompa\u00f1ar y fortalecer sus propias fuentes de consuelo, fortaleza y solidaridad.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Primavera 2020<\/em><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p><strong>V\u00edctor Casallo Mes\u00edas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Director de la EAP de Filosof\u00eda de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Docente de la Pontificia Universidad Cat\u00f3lica del Per\u00fa<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando una crisis como la pandemia actual desestabiliza las grandes estructuras y din\u00e1micas globales, no podemos perder de vista la violencia que ha sufrido nuestra vida cotidiana. Aunque estemos en nuestro hogar, los objetos familiares y el ritmo de las horas nos aparecen de otra forma. 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