{"id":2837,"date":"2012-10-23T20:26:00","date_gmt":"2012-10-24T01:26:00","guid":{"rendered":"http:\/\/test.boomerang.pe\/intercambio\/?p=2837"},"modified":"2024-04-26T20:55:48","modified_gmt":"2024-04-27T01:55:48","slug":"dialogo-consideraciones-conceptuales","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/test.boomerang.pe\/intercambio\/2012\/10\/23\/dialogo-consideraciones-conceptuales\/","title":{"rendered":"Di\u00e1logo, consideraciones conceptuales"},"content":{"rendered":"<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"480\" src=\"http:\/\/test.boomerang.pe\/intercambio\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Reunion-dialogo.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2810\" style=\"width:431px;height:auto\" srcset=\"http:\/\/test.boomerang.pe\/intercambio\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Reunion-dialogo.jpg 640w, http:\/\/test.boomerang.pe\/intercambio\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Reunion-dialogo-300x225.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Los agudos conflictos sociales que enfrentan diferentes zonas del pa\u00eds, el litigio que afronta una importante universidad en el contexto de la defensa de su autonom\u00eda, los desaf\u00edos que plantea la recuperaci\u00f3n de la memoria en nuestra sociedad, han puesto sobre el tapete la necesidad de dialogar, bajo la premisa de que el di\u00e1logo constituye un veh\u00edculo de entendimiento y de soluciones pac\u00edficas a los numerosos desencuentros que experimentamos en diferentes espacios de la vida nacional. La filosof\u00eda puede resultarnos \u00fatil para aproximarnos con cierto rigor a este concepto (y a su pr\u00e1ctica).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Di\u00e1logos<\/em> es un t\u00e9rmino griego que a menudo se traduce como \u201cconversaci\u00f3n\u201d o \u201cdiscusi\u00f3n\u201d. Proviene de las voces <em>di\u00e1<\/em> (a trav\u00e9s de), y <em>l\u00f3gos<\/em> (discurso, lenguaje, raz\u00f3n, entre otros sentidos). No alude a \u201cdos\u201d tal y como se cree cotidianamente. Se trata de una forma b\u00e1sica de actividad humana en la que la raz\u00f3n es protagonista. Con ella se trata de arribar a acuerdos de diferente naturaleza o, en todo caso, si los acuerdos no llegan a lograrse, ella nos permite comprender y evaluar el car\u00e1cter y los alcances de nuestros desacuerdos; de este modo, el di\u00e1logo convierte estas situaciones de inevitable discrepancia en provechosas y aleccionadoras para quienes participan en \u00e9l. Cuando el prop\u00f3sito del di\u00e1logo es la verdad, lo describimos como una \u201cinvestigaci\u00f3n\u201d. Cuando el objetivo trazado es elegir conscientemente un curso de acci\u00f3n que consideramos valioso o correcto en el dise\u00f1o de un proyecto de vida, lo describimos como \u201cdeliberaci\u00f3n\u201d. Cuando la meta establecida es construir alguna forma de arreglo social basado en la convergencia leg\u00edtima de intereses particulares hablamos de \u201cnegociaci\u00f3n\u201d. Todas estas formas de interacci\u00f3n comunicativa son expresiones de di\u00e1logo; cuando se llevan a cabo sin distorsi\u00f3n est\u00e1n animadas por el ejercicio del <em>l\u00f3gos<\/em>. La pr\u00e1ctica del di\u00e1logo se contrapone al mero uso de la fuerza.<\/p>\n\n\n\n<p>El cultivo del di\u00e1logo requiere de los interlocutores un compromiso estricto con el libre intercambio de razones. Quien dialoga se muestra atento a los argumentos del otro tanto como a la elaboraci\u00f3n de los propios. En contraste, la violencia \u2013 advierte Hannah Arendt \u2013 permanece sorda y muda. La atenci\u00f3n a los argumentos del interlocutor no s\u00f3lo nos remite a la din\u00e1mica propia de la acci\u00f3n rec\u00edproca de ofrecer razones, si no que pone de manifiesto la exigencia de una determinada actitud de parte de los participantes, que ha sido descrita como una disposici\u00f3n <em>falibilista.<\/em> Para que el di\u00e1logo sea genuino, nosotros tenemos que suponer que podr\u00edamos estar equivocados, y que las razones del otro podr\u00edan contribuir a esclarecer nuestro eventual error o a despejar nuestra confusi\u00f3n. Por supuesto, tendr\u00edamos que esperar que los participantes asuman una disposici\u00f3n an\u00e1loga a la nuestra. No dialogamos <em>realmente<\/em> cuando suponemos que contamos con toda la raz\u00f3n de nuestro lado, y nos declaramos absolutamente invulnerables ante el discurso de los otros.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>No dialogamos realmente cuando suponemos que contamos con toda la raz\u00f3n de nuestro lado, y nos declaramos absolutamente invulnerables ante el discurso de los otros.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Esta vindicaci\u00f3n de la actitud propia del falibilismo cuestiona severamente la afirmaci\u00f3n conservadora \u201cdi\u00e1logo s\u00ed, pero con verdad\u201d. A veces pienso que esta posici\u00f3n incurre en el burdo error de confundir la \u201cverdad\u201d con la simple \u201cveracidad\u201d, la disposici\u00f3n a no mentir, dar cuenta de lo que se sabe, poner los propios intereses y aspiraciones sobre la mesa, etc. Resulta bastante claro que toda forma de investigaci\u00f3n, deliberaci\u00f3n com\u00fan y negociaci\u00f3n exige veracidad, consistencia en el discurso y en la acci\u00f3n y transparencia; la ausencia de tales condiciones vicia el di\u00e1logo y lesiona la posibilidad de cualquier forma de entendimiento. Pero esta declaraci\u00f3n conservadora parece entra\u00f1ar m\u00e1s que estas consideraciones elementales. Parece indicar que hemos de participar en el di\u00e1logo esgrimiendo (toda) la verdad, puesto que ella nos pertenece. Esta presuposici\u00f3n confunde toda forma de di\u00e1logo con la investigaci\u00f3n, pero adem\u00e1s asume que la verdad es el punto de partida y no el punto de llegada de la investigaci\u00f3n. Convierte as\u00ed en superflua la actividad de dialogar, pues asume que la verdad es algo que se posee de antemano. No cabe, en esa perspectiva integrista, el falibilismo ni la apertura hacia el otro. De hecho, esta posici\u00f3n considera que el di\u00e1logo constituye una innecesaria e impertinente concesi\u00f3n al error.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta actitud fundamentalista malinterpreta seriamente el significado del di\u00e1logo y lesiona su ejercicio. Sobre la base de esta presuposici\u00f3n no es posible que prospere forma alguna de deliberaci\u00f3n, negociaci\u00f3n o investigaci\u00f3n. Quien asegura estar en posesi\u00f3n absoluta de la verdad, o en posesi\u00f3n de los criterios de correcci\u00f3n de la acci\u00f3n o de los arreglos sociales, no est\u00e1 dispuesto a admitir las interpretaciones de otros o a ceder posiciones con el prop\u00f3sito de arribar a acuerdos que nos permitan resolver conflictos dif\u00edciles. El integrista exige del otro silencio y sumisi\u00f3n, capitulaci\u00f3n y resignaci\u00f3n. Adhesi\u00f3n inmediata sin cr\u00edtica ni r\u00e9plica, anuencia frente al solemne mon\u00f3logo del iluminado. El intercambio de razones se torna en imposici\u00f3n o en un burdo adoctrinamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>El ejercicio del di\u00e1logo transita otras rutas. Toma en serio la necesidad de construir consensos en torno a interpretaciones, acciones comunes e intereses. Valora la capacidad de examinar las propias posiciones y estar dispuesto a abandonarlas si es que existen buenas razones para ello. La apertura dial\u00f3gica est\u00e1 re\u00f1ida con cualquier versi\u00f3n del dogmatismo. Cuando intentamos silenciar las preguntas que podr\u00edan perturbar nuestras creencias m\u00e1s b\u00e1sicas \u2013 cuando declaramos nuestro ideario como invulnerable a la cr\u00edtica \u2013 simplemente aniquilamos la posibilidad de conversar y de forjar acuerdos racionales que orienten nuestras pr\u00e1cticas sociales.<\/p>\n\n\n\n<p>Alguien podr\u00eda objetar que hasta aqu\u00ed no he hecho otra cosa que discutir exclusivamente las <em>condiciones ideales del di\u00e1logo <\/em>\u2013consideraciones normativas impl\u00edcitas en el nivel de la pr\u00e1ctica y en el de las actitudes-, pero que no he considerado que en nuestros conflictos reales el ejercicio del <em>l\u00f3gos<\/em> casi nunca aparece de esta forma \u201cpura\u201d; los agentes reales nos presentamos en los procesos de deliberaci\u00f3n, negociaci\u00f3n e investigaci\u00f3n cargados de presuposiciones ideol\u00f3gicas, prop\u00f3sitos no revelados y juegos de poder bajo la mesa. Todo ello es cierto. Incluso es evidente que, en la mayor\u00eda de los casos de negociaci\u00f3n pol\u00edtica, la situaci\u00f3n de los interlocutores dista mucho de ser equitativa, de modo que la pr\u00e1ctica de la argumentaci\u00f3n corre el peligro de ser sustituida por diferentes formas de presi\u00f3n que arrinconan irremediablemente a la parte m\u00e1s d\u00e9bil.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es una realidad que observamos en los arreglos pol\u00edticos del d\u00eda a d\u00eda, e incluso en las transacciones m\u00e1s cotidianas al interior de las instituciones m\u00e1s modestas. Muchos actores pol\u00edticos y \u201cl\u00edderes de opini\u00f3n\u201d exigen del gobierno el uso de la fuerza y no la negociaci\u00f3n con las autoridades regionales que se declaran contrarias a determinadas formas de explotaci\u00f3n minera en las zonas de su jurisdicci\u00f3n. Que en nuestras interacciones ordinarias la raz\u00f3n est\u00e9 sistem\u00e1ticamente amenazada no significa que tengamos que abandonar \u2013en nombre de una cruda y desencarnada <em>Realpolitik\u2013<\/em> los principios que regulan la pr\u00e1ctica dial\u00f3gica: el reconocimiento de tales principios nos permite identificar las situaciones en las que el di\u00e1logo se ve perturbado o lesionado, se le parodia o se convierte en un mero disfraz para la manipulaci\u00f3n o la extorsi\u00f3n. Habermas compara el recurso a la raz\u00f3n como una tabla que se ve sacudida por el mar de las contingencias; se la zarandea de aqu\u00ed para all\u00e1, pero siempre permanece a flote. La realidad echa sus cartas, pero el cuidado del <em>l\u00f3gos<\/em> nos permite interpelarla y establecer sendas posibles de acci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p><strong>Gonzalo Gamio Gehri<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Doctor en Filosof\u00eda por la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid, Espa\u00f1a). Actualmente es profesor en la Pontificia Universidad Cat\u00f3lica del Per\u00fa y en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, donde coordina la Maestr\u00eda en filosof\u00eda con menci\u00f3n en \u00e9tica y pol\u00edtica. Es autor de los libros Tiempo de Memoria. Reflexiones sobre Derechos Humanos y Justicia transicional (2009) y Racionalidad y conflicto \u00e9tico. Ensayos sobre filosof\u00eda pr\u00e1ctica (2007). Es autor de diversos ensayos sobre filosof\u00eda pr\u00e1ctica y temas de justicia y ciudadan\u00eda publicados en vol\u00famenes colectivos y revistas especializadas del Per\u00fa y de Espa\u00f1a.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los agudos conflictos sociales que enfrentan diferentes zonas del pa\u00eds, el litigio que afronta una importante universidad en el contexto de la defensa de su autonom\u00eda, los desaf\u00edos que plantea la recuperaci\u00f3n de la memoria en nuestra sociedad, han puesto sobre el tapete la necesidad de dialogar, bajo la premisa de que el di\u00e1logo constituye [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":2810,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[6],"tags":[9],"class_list":["post-2837","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-debates","tag-articulo"],"acf":[],"post_mailing_queue_ids":[],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/test.boomerang.pe\/intercambio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2837","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/test.boomerang.pe\/intercambio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/test.boomerang.pe\/intercambio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/test.boomerang.pe\/intercambio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/test.boomerang.pe\/intercambio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2837"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/test.boomerang.pe\/intercambio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2837\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2861,"href":"http:\/\/test.boomerang.pe\/intercambio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2837\/revisions\/2861"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/test.boomerang.pe\/intercambio\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2810"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/test.boomerang.pe\/intercambio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2837"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/test.boomerang.pe\/intercambio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2837"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/test.boomerang.pe\/intercambio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2837"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}